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Intentar encajar nunca ha sido buena idea

Llevo mucho tiempo pensando en algo que creo que afecta a más personas de lo que parece. Nos han contado durante años un relato muy concreto sobre “ser productivos por las mañanas”, un relato que hemos aceptado sin rechistar. Madrugar, levantarse a las cinco, aprovechar “las horas mágicas”. Todo eso.

Pero ¿qué pasa con quienes tenemos un ritmo distinto?

Como antropóloga física, si hay algo que he aprendido es que el ser humano es diversidad: genética, fisiológica, biológica, cultural. Somos variación, no uniformidad. Entonces ¿cómo puede ser que exista una única norma universal sobre cuál es “la hora correcta” para vivir o rendir?

La realidad es que existen los cronotipos, y cada persona tiene el suyo. No son cajas rígidas, pero sí tendencias: matutina, vespertina, nocturna. Yo, por ejemplo, he sido martirizada toda mi vida por ser más vespertina. Funcionó con un horario más tardío que el que nos han vendido como “adecuado”. Pero no hay nada “adecuado” en general, solo “adecuado” para cada cuerpo.

Lo que te funciona a ti no tiene por qué funcionarle ni siquiera a alguien tan parecido genéticamente como un hermano. Y aun así, seguimos intentando encajar en un molde que no fue diseñado para nosotros.

Creo que ha llegado el momento de dejar de dejarnos arrastrar por el marketing de la productividad (tema para otro post) y empezar a escuchar a nuestro cuerpo. Adaptar, en la medida de lo posible, nuestra vida a él.

Porque intentar encajar nunca ha sido buena idea, y quizá la verdadera productividad empiece cuando dejamos de luchar contra nuestro propio ritmo.

 
 
 

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