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A veces necesitamos perdernos para encontrar la salida

Alguien una vez me preguntó que se sentía trabajar en un archivo; en referencia a mi trabajo como etnohistoriador. Tengo que confesar que es una pregunta difícil de responder, porque a lo largo de estos años pasé por muchas sensaciones diferentes. La primera respuesta que se me vino a la cabeza fue decirle que es como atravesar uno de los laberintos que describe Jorge Luis Borges.

Al igual que en esos laberintos que describe el escritor, uno se adentra a leer los documentos antiguos con la ingenuidad y la inocencia de un niño. Buscando información que le pueda ser de utilidad para responder a su problema de investigación, uno comienza la lectura de cientos de documentos ajados por el tiempo y el trajín de la vida.


Uno revisa una primera caja que guarda esos documentos, luego una segunda, luego una tercera -y así sucesivamente hasta el infinito- con la esperanza de poder encontrar ese dato que permita avanzar en la investigación. Con cada caja nueva, llega la esperanza de poder encontrar ese documento esclarecedor que ilumine y ayude a avanzar; pero a diferencia de eso, aparecen fragmentos de información que confunden más de los que aclaran; que abren nuevos caminos por donde transitar y perderse.

También, con el correr de las cajas, aparecen historias perdidas en el tiempo; historias de amantes que se escribían en la lejanía de sus brazos; historias de amistad y de conspiración; historias de alianzas y enfrentamientos políticos. Historias mínimas e íntimas que influyeron -a veces sin saberlo- en grandes acontecimientos. Esas historias que no están vinculadas al tema de investigación que te llevó a leer cientos de documentos -algunos de ellos indescifrables-, te alejan de tu pregunta inicial, te alejan de la respuesta pero te acercan a nuevas preguntas movidas por la curiosidad.


Estas historias, se presentan como miles de caminos que se abren y te alejan del final, de tu objetivo, la llegada, la salida de ese laberinto; la respuesta a tu tema de investigación. Pero cada vez que uno encuentra algún documento que a uno le sirve, es una gran alegría y uno lo festeja con pasión y cansancio luego de leer cientos de documentos. Uno siente que se acerca, que da un paso más en su misión, pero luego, al llegar otra caja de documentos se da cuenta que fue solo eso, un paso más para volver a perderse en la inmensidad del mundo.


Los cuentos de Borges y el transitar por los archivos -y las historias que guardan- me llevaron a entender que a veces está bien perderse entre los laberintos; que no siempre el objetivo es salir de ellos. En ocasiones uno necesita perderse para poder encontrar la salida pero siempre de ese laberinto, uno sale transformado; uno nunca sale como entró. Así hasta el nuevo laberinto que nos ponga la vida.

 
 
 

2 comentarios


Me ha gustado mucho. Uno siente la pasión por tu trabajo y nos envuelve.

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Qué bonita profesión tienes Martín! No dejes nunca de sacar esas historias y traérnoslas a los demás!

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